Inicio Cuba ¿Un diálogo para el inicio de un cambio real en Cuba?

¿Un diálogo para el inicio de un cambio real en Cuba?

LA HABANA, Cuba. — Confieso que, pese a sus méritos en la lucha por la eliminación del régimen comunista en su patria, conocí el nombre de Martin Palouš sólo en el 2000. En ese año final del Siglo XX salimos de prisión mis hermanos de causa Martha Beatriz Roque, Félix Bonne y yo, todos firmantes del manifiesto La Patria es de Todos. El otro integrante del Grupo de los Cuatro, Vladimiro Roca, permaneció encarcelado.

Al ser liberado, conocí el texto completo de la carta que, en noviembre del año precedente, importantes exdisidentes de la Europa Oriental nos dirigieron a los Cuatro. Entre otras, figuran allí las firmas de Vaclav Havel, Lech Walęsa, Vytautas Landsbergis, Tadeusz Mazowiecki, por sólo mencionar algunos de los más conocidos. También aparece la de don Martin, quien, como coordinador o secretario del grupo, certificaba la autenticidad de las firmas. Por eso le dirigimos nuestra respuesta a él.

Muchos años más tarde, cuando el general Raúl Castro autorizó los viajes temporales al extranjero de sus opositores, pude visitar la bella ciudad de Praga. Allí, el mismo doctor Palouš y su esposa me hospedaron amablemente en su casa. Fue ese el inicio de una larga amistad, cimentada durante años —¿por qué no decirlo!— por sendas jarras de la insuperable cerveza checa o cualesquiera otras libaciones esporádicas entre amigos. Durante todos esos años, el prominente exdisidente checo ha demostrado su apoyo a la causa de la democratización de Cuba.

Estas reminiscencias vienen al caso porque ahora don Martin ha publicado en el periódico miamense Herald (tanto en inglés como en castellano) el texto “Mensaje a mis amigos y aliados cubanos en el aniversario de la Revolución de Terciopelo”.

Allí, Palouš se hace eco de los recientes planteamientos de Díaz-Canel a un grupo de inversores y políticos exiliados: “Ustedes están asumiendo el riesgo de trabajar con nosotros, de venir aquí a construir puentes, no muros”. Con ese motivo, el amigo checo se dirige a “la mayoría de la diáspora cubana aquí en Miami” y se pregunta: “¿Por qué deberían creer ahora que el gobierno cubano finalmente ha decidido variar su posición?”. Da una respuesta afirmativa y más adelante dice: “El reciente mensaje enviado a Miami desde La Habana quizás constituya una oportunidad, y no más de lo mismo”.

Don Martin plantea que, en su país, “el verdadero motor del cambio fue una reunión entre Vaclav Havel… y el primer ministro (comunista) Adamec”. Creo que esta premisa de la cual parte el amigo Palouš es pertinente y acertada. Pero considero que las conclusiones que él extrae de ella no lo son. Por ello me parece oportuno parafrasear la cita relativa a Platón que se le atribuye a Aristóteles, y atenerme a ella: Soy amigo de Martin Palouš, pero soy más amigo de la verdad.

Ante todo, debo insistir en un tema que he planteado reiteradamente en estas mismas páginas de CubaNet: en los regímenes comunistas, los cambios empiezan por arriba, no por abajo. En determinado momento, dentro del mismo régimen se inician cambios con los que se pretende conservar el sistema, pero ellos, de manera inevitable, conducen a otros más, el gobierno inicia un diálogo con quienes se le oponen y, en definitiva, se produce la caída del régimen.

En esencia, eso es lo que (con matices diversos, como es lógico) ha ocurrido en la treintena de países actuales que se han librado del yugo comunista. Y en Cuba no tiene por qué pasar algo diferente. En ese contexto, la conversación Havel-Adamec a la cual alude Palouš constituiría sólo una anécdota checoslovaca que serviría de ilustración a esa regla general.

Quiero decir que no comparto las esperanzas de otros anticastristas, que piensan en otras soluciones para la actual tragedia cubana. Creo que ni una cruenta invasión de una potencia extranjera ni una huelga general fulminante ni una sublevación generalizada (una especie de 11 de julio elevado al cuadrado) ni un golpe de Estado militar serían la solución.

Para la guerra no se vislumbra ningún país extranjero dispuesto a afrontar esa aventura. Para la huelga general no veo a nadie que posea un poder de convocatoria suficiente. La sublevación generalizada parece poco probable. El golpe de Estado es ajeno a los regímenes comunistas, que lo han conjurado por la vía de incorporar al generalato a los círculos dirigentes, y que llegaron al extremo de nombrar jefe supremo a un militarote (caso de Jaruzelski en Polonia).

Lo más paradójico de todo es que, aun de producirse alguno de los escenarios recién mencionados, eso no excluiría el cambio proveniente de las filas comunistas; más bien lo estimularía y aceleraría. Y aquí es donde —creo— radica el error conceptual del amigo Palouš: Díaz-Canel y su equipo son renuentes a cualquier cambio; ellos se proclaman “continuidad”. Ni siquiera en el terreno de la economía (donde cuentan con el ejemplo de sus correligionarios chinos y vietnamitas) se han animado a introducir alguna modificación para sacar a Cuba del pantano de improductividad y postración en que la han metido sus políticas obsoletas de estatismo y planificación burocrática.

Además de ese inmovilismo a ultranza, vemos que la entrevista que llena de esperanzas a mi amigo checo se celebró con un grupito de potenciales inversores millonarios y algunos políticos deseosos de propiciar esos negocios (como el señor Joe García).

Entonces, creo que, en puridad, sí se trata de “más de lo mismo”. Simplemente, el régimen no ha tenido éxito en atraer el capital foráneo (que desconfía —¡y con toda razón!— de la obsesión castrista con la inoperante empresa estatal, así como del estado calamitoso de la economía cubana). Por ello se ha acercado a algunos compatriotas exiliados que quizás podrían “caer en el jamo” guiados por añoranzas patrióticas.

Como bien dice Palouš, la entrevista que fue “verdadero motor del cambio” en su patria se produjo no con algún exiliado amillonado, sino con Vaclav Havel. Del mismo modo que en Polonia la Mesa Redonda tuvo como participantes a Lech Walęsa y a otros disidentes residentes en la misma Polonia, y así sucesivamente en los restantes países que lograron escapar de la férula comunista.

Mientras el régimen de La Habana no dé pasos hacia la realización de cambios palpables y mientras no se produzca el reconocimiento por su parte de la legitimidad de quienes se le enfrentan en lo político (en Cuba y el Exilio), cualquier diálogo será prematuro.

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