Máxima incertidumbre antes del 21-D

En Catalunya, la principal incógnita de las elecciones al Parlament fue, durante dos décadas, por cuánto ganaba Jordi Pujol. La erosión de CiU dio paso al tripartito, que también acabó quemado, y en el 2012 Artur Mas inició el ‘procés’ acuciado por la crisis económica. En las elecciones de este jueves los ciudadanos deciden si pasan página de cinco años convulsos o si quieren que el nuevo Govern persevere en la batalla contra las instituciones españolas.

Han pasado muchas cosas en la última legislatura, y la incertidumbre es máxima. Nunca antes dos opciones tan antagónicas como ERC y Ciutadans se disputaban la victoria. Nunca se había previsto una participación tan alta en unas elecciones al Parlament, y nunca estuvo menos claro que ahora qué rumbo tomará el país. Todos los partidos están convencidos de que hasta el último voto cuenta, y la campaña se ha convertido en una electrizante y agotadora lucha por atraer a los indecisos. “Tal y como están de ajustados los sondeos, puede pasar de todo”, resume un dirigente soberanista el sentir general. 

Sigue habiendo dos bloques, el independentista y el no independentista, pero estos días se ha demostrado que no son monolíticos. En el caso de ERC Junts per Catalunya, las desavenencias larvadas se han hecho públicas conforme se acerca el 21-D. La lista encabezada por Carles Puigdemont solo tiene un objetivo: restituir al ‘expresident’, que se presenta como jefe “legítimo” de la Generalitat. Por eso ha planteado toda la campaña como el prólogo de un plebiscito para escoger entre él o Mariano Rajoy, y por eso la cierra este martes con un “megamitin” por videoconferencia a mayor gloria del líder depuesto.

El filón sentimental

Para ERC, la elección real es entre Oriol Junqueras e Inés Arrimadas. Así, las estrategias de los dos grandes partidos independentistas han ido alejándose. Los republicanos empezaron la campaña con una tímida autocrítica, pero al ver que JxCat explotaba con éxito el filón sentimental y que Puigdemont no estaba dispuesto a explicar a los ciudadanos los contratiempos reales de su plan de volver a Catalunya “por la puerta grande” después del 21-D, han rectificado.

La plana mayor de ERC estuvo este martes en la cárcel de Estremera para dejar claro que ellos también tienen de qué quejarse. Oriol Junqueras sigue preso y apenas ha podido participar en la campaña, y esta circunstancia ha pesado más de lo que preveían los gurús del partido en la evolución de las encuestas. “Estoy en la cárcel porque no me escondo nunca”, dijo el lunes en su mensaje más ácido de estos días contra quien dirigía el Govern hasta el 27 de octubre.

Sin embargo, ni en el programa de ERC ni en el de JxCat hay esta vez plazos para ejecutar la secesión, ni proyectos unilaterales concretos. Más allá de vaguedades como “continuar la construcción de la república catalana” (los posconvergentes) o “ganar la república” (en el caso de la candidatura de Junqueras), las dos listas se comprometen a negociar con Madrid en busca de una solución.

Pero los no independentistas no se fían. Y esa desconfianza ha sido uno de los ejes de la campaña de Ciutadans, un partido que se presentó a las elecciones por primera vez hace solo 10 años y que ahora está en disposición de disputar la victoria. El otro ha sido la necesidad de que todos los que quieren acabar con el ‘procés’ se movilicen, y por eso Inés Arrimadas cierra la campaña en Nou Barris, el barrio de Barcelona con mayor potencial para el crecimiento de la participación.

Incursiones de última hora

El PSC ha elegido en la campaña la bandera de la reconciliación y el diálogoMiquel Iceta sabe que probablemente no será el candidato más votado, pero confía en sus opciones de convertirse en ‘president’ porque los vetos cruzados van a dificultar la formación del próximo Govern. El aspirante socialista se vende como el único capaz de buscar apoyos en los dos bloques, aunque en los últimos días se ha volcado en impedir que el ‘cinturón rojo’ se convierta en naranja. Las incursiones de última hora de Josep Borrell o el fin de fiesta en Cornellà dan una idea de las prioridades del partido.

En cuanto a los ‘comuns‘, se han encontrado durante la campaña con el reverso de la moneda de las elecciones generales. Si en aquella ocasión -dos ocasiones, en realidad- su papel de bisagra entre bloques les sirvió para imponerse, esta vez se han visto incapaces de romper la polarización identitaria de la campaña.

Todos los partidos se han lanzado sobre los votantes que obtuvo Xavier Domènech en las dos convocatorias del 2016. La CUP trata de convencerlos estos días de que votar a los ‘comuns’ es votar contra la independencia para mantener el papel determinante que los antisistema han tenido en el Parlament en los últimos dos años.

La afición de Rajoy

¿Y el PP? Las alarmas han saltado en la calle Génova, porque las encuestas auguran a Xavier García Albiol un resultado tan pobre que podría perjudicar al equilibrio de poder en Madrid, sobre todo si la distancia con Ciutadans es escandalosa. A Rajoy se le ha visto mucho por Catalunya en la recta final de campaña, y este martes ha aparecido caminando rápido por Barcelona. Se trata de una afición curiosa que le ayudó a ganar las generales el año pasado; ahora espera que sirva por lo menos para que los populares mantengan el tipo y no se queden en los huesos.

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