Vive tu propio wéstern en Montana


Dos niños con sombreros de 'cowboy' en un rancho cerca de Stanford, en el Estado de Montana (EE UU).

Dos niños con sombreros de ‘cowboy’ en un rancho cerca de Stanford, en el Estado de Montana (EE UU). / Chuck Haney (agefotostock)

El día empieza muy temprano entre el canto de los pájaros y el relincho lejano de los caballos desde los corrales donde han sido llevados al amanecer por los wranglers (los vaqueros). Madrugar y en vacaciones. Pero las próximas horas van a merecer la pena. Desayunamos todos juntos, los vaqueros de verdad y los de mentira, en el antiguo comedor de madera del rancho: huevos, café, tostadas y mermeladas caseras. Los wranglers se van rápido a acondicionar a los caballos: los limpian, peinan sus crines, revisan sus cascos y, antes de que aparezcamos los huéspedes, los ensillan.


javier belloso

Velvet me espera, mi precioso caballo negro, pequeñito pero espabilado. Dice Shelly, la dueña del rancho, que tiene “personalidad” y que yo también. Haremos buen equipo y así es. El primer día Shelly nos acompañó hasta los corrales y, dependiendo de nuestra experiencia y carácter, nos designó un caballo, nuestro compañero para los próximos días. “Hay un vacío entre el hombre y el caballo. Ese vacío ha de llenarse, por el uno o por el otro. Si no lo hace el jinete, lo hará el caballo. ¿Entendéis lo que quiero decir?”. “Y si este no os gusta”, añadió, “lo podéis cambiar”.

Pero yo a Velvet no lo cambio. He acertado. Uno de mis compañeros de grupo lleva cinco años viniendo aquí y siempre monta al mismo caballo.

Cuando todos estamos listos, marchamos. Hay distintos niveles, y cada grupo va con un cowboy que nos acompaña a recorrer las montañas y praderas de Montana. A veces vamos juntos jinetes de varios niveles, y luego nos separamos. En mi nivel somos tres jinetes; mucho más auténtico y divertido. Entonces sí que podemos galopar y galopar. Es fantástico, una sensación de libertad absoluta. Cada día es distinto, bosques, praderas inmensas de un verde vivo revestidas con el brillante color amarillo de la mostaza silvestre y salteadas de artemisas verdinegras y rojizas; colinas rocosas y el cielo interminable surcado de águilas.


Vaqueros en las montañas del Estado de Montana, en Estados Unidos. / F. Po Egea

Cruzamos arroyos impetuosos y conjuntos de álamos de corteza blanca. Nos internamos hacia la montaña y, mientras nuestros caballos luchan ladera arriba, los ciervos levantan alarmados la cabeza y en cuatro saltos desaparecen de nuestra vista. La portentosa belleza de la Montana salvaje crea una impresión de quietud quimérica. Luego, fuera ya del bosque, descendemos al galope por la ladera contraria. Me siento el protagonista de un wéstern auténtico. Un día fuimos a un río que fluye al revés. Los demás trotaban por el centro, pero Velvet se negó, era un poco exquisito.

Almorzábamos tirados en la pradera con nuestras botas de cowboy y sombreros esparcidos a nuestro alrededor, y los caballos pastando plácidamente. Después, de vuelta a casa justo a tiempo para ducharse y descansar un rato, pues por la noche toca baile. La campana llama para la cena. Cenamos todos juntos otra vez, intercambiando experiencias y aventuras. Alguien se ha caído hoy del caballo, carcajadas y risas varias. Otros han visto un oso, un coyote. Acabamos y se empujan las mesas contra la pared. Vamos a aprender line dancing. Hombres y mujeres nos colocamos en dos líneas, un día frente a frente y, otro día, mirando en la misma dirección. De un viejo tocadiscos surgen las canciones country. A su compás, repetimos la secuencia de pasos. No es tan simple como crees; no sabes si reír o llorar. Optas por lo primero.

El Sweet Grass Ranch pertenece a la misma familia desde hace seis generaciones. Se halla apartado en plena naturaleza, a 10 kilómetros de la carretera asfaltada, al pie de las Crazy Mountains (las montañas locas), un apéndice de las Rocosas, y a 60 kilómetros de Big Timber, el pueblo más cercano.

Grandes extensiones

Pasar unas vacaciones en un working ranch (rancho de trabajo) en el Oeste americano es una opción cada vez más popular en Estados Unidos, con gente venida de medio mundo. Los hay en varios Estados: Arizona, Colorado o Texas, pero ninguno es más auténtico que los de las tierras semisalvajes de Montana. El llamado Big Sky Country (el país del gran cielo) o Land of Shining Mountain (la tierra de la montaña brillante) es uno de los Estados menos poblados de Estados Unidos: no llega al millón de habitantes para una extensión del 75% de la de España.

Es el lugar perfecto para vivir sueños de cowboy y rememorar las películas de indios, vaqueros y buscadores de oro. Hay en este Estado una veintena de working ranches que reciben huéspedes en sus sencillas instalaciones, con habitaciones en el edificio principal del rancho o en cabañas simples pero limpias y cómodas. Allí te invitan a montar a caballo, a conducir las vacas de unos pastos a otros y a compartir las tareas diarias, amén de grandes momentos de sana diversión. No confundir con los ranchos hoteles donde no falta la piscina, el spa, las pistas de tenis, el restaurante gastronómico e, incluso, el campo de golf.

A un working ranch se viene a participar y a disfrutar de las actividades propias de un rancho, tanto como se quiera. No suele haber televisión pero sí conexión a Internet vía satélite. Además de montar a caballo se puede caminar por la montaña entre bosques, lagos, cascadas y ríos. Todas las semanas suele haber un rodeo en alguna población cercana y a 300 kilómetros al sur se halla el parque nacional de Yellowstone.

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