Españoles contra comanches, guerra en los confines del Imperio

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La aparición de los comanches trastocó la paz de los colonos españoles de la frontera de los confines del Imperio español a finales del siglo XVIII, justo cuando por fin se había alcanzado la paz con los indios pueblo y apache, tras casi 100 años de enfrentamientos.

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Españoles contra comanches, guerra en los confines del Imperio

Los españoles habían asentado sus ciudades junto a los poblados de los indios pueblo, llegando a una auténtica simbiosis en la que la supervivencia de ambas comunidades dependía de las buenas relaciones mutuas.

Por otro lado, la paz con los apaches era entonces tan sólida, que incluso los guerreros apaches dejaban a sus hijos durante meses al cuidado de los colonos españoles cuando salían a cazar búfalos.

Pero este idílico panorama se vio truncado con la aparición en la frontera de los comanches, que se habían expandido por las praderas gracias a que su innata belicosidad idolatraba a los guerreros, y al dominio del caballo (que habían introducido los españoles). El potencial bélico comanche fue además incrementado por las armas de fuego que les vendían los franceses a cambio de los caballos que robaban a los españoles y el terror que infundía el que no hacían prisioneros y la costumbre de arrancar cabelleras, a ser posible, en el mismo fragor del combate.

comanches

El historiador español Pedro Pino escribía en 1812:

“Ninguna de las demás naciones se atreve a medir sus fuerzas con la comanche; aun aliados han sido vencidos repetidas veces; [el comanche] no admite cuartel ni lo da a los vencidos.”

Y es que aunque los comanches se denominaban a sí mismos los “Numunuu” (las personas). los demás indios les llamaban los “kohmahst” (los que nos atacan), de donde derivaría el nombre español de “comanches”

Todos estos factores hicieron que los comanches aterrorizaran las colonias españolas de Colorado, Kansas, Oklahoma, Texas,  y Nuevo México, llegando a atacar la colonia de Pecos, a apenas 40 km de la capital española, Santa Fe.

La situación cambió cuando llegó en 1778 llegó el nuevo Gobernador español, Juan Bautista de Anza. Con la firme intención de colonizar California, y gracias a unos pocos refuerzos de armas y caballos, de Anza se aprestó a demostrar a los comanches que debían dejar en paz a los colonos españoles. Para ello se internó en territorio comanche con una heterogénea fuerza mixta, formada por unos cien dragones de cuera (los auténticos primeros cowboys del oeste) y unos cien guerreros apaches aliados, atacando el poblado principal del guerrero comanche Cuerno Verde cerca del actual Colorado Springs.

Dragon de cuera, pintura de Ferrer Dalmau

De Anza dió un gran rodeo para evitar ser detectado por el oeste de las Montañas Rocosas, y cabalgando de noche y sin hacer fogatas, consiguió sorprender el poblado justo cuando los guerreros habían salido de saqueo, tendiéndoles una emboscada cuando los guerreros volvían a socorrer a los suyos, y matándolos a todos por tan sólo una baja española. Con esta demostración de fuerza, de Anza consiguió firmar en los años siguientes la paz con las tribus comanches, que duró hasta 1821.

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