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‘Ella me revisaba el celular y me daba golpes si veía una foto que no le parecía’, narra denunciante de violencia doméstica

“Ella era supercelosa, no se dormía sin revisarme el celular y, en varios momentos, me despertaba a golpes y gritando. Si veía una conversación o una foto que no le parecía, hacía un escándalo. Eso pudo pasar unas cuatro veces y, cuando yo me cansé de eso y le puse contraseña al celular, ella me dijo que me fuera de la casa”, contó un hombre que denunció a su exesposa por violencia doméstica.

El relato del hombre de 37 años, a quien llamaremos Carlos para proteger su identidad, forma parte de los 12.000 varones que, en promedio, acuden cada año a instancias judiciales para denunciar posibles casos de violencia doméstica. En total, se trata de 48.237 expedientes acumulados en los últimos 4 años (2018-2021), según registros del Subproceso de Estadística del Poder Judicial.

‘Intenté suicidarme porque es muy duro dejar de ver a los hijos’

Carlos se casó hace 11 años con la esperanza de tener una familia y un hogar, a pesar de que sus amigos le preguntaban si estaba seguro de la decisión que estaba tomando. Le decían que “su vida era un infierno y si se casaba sería peor”.

Según cuenta, la relación matrimonial estuvo llena de altibajos y casi siempre decidían continuar juntos por los niños. En marzo del 2020, él se fue de su casa y meses después, en junio de ese año, recibió una denuncia en la que se le acusaba de abusar de sus hijos y golpearlos, además de agredir a su exmujer.

'Carlos' una víctima que habló bajo identidad anónima, contó que su exesposa lo echó de su casa cuando no logró revisarle el celular porque él le puso clave.

“Hace dos años y medio yo veía a mis hijos y, de repente, me llegó una notificación de que tenía que dejarlos de ver porque abusé sexualmente de ellos y los apaleaba. Gracias a Dios, en una audiencia, el juez me libró de ese cargo porque en el examen psicológico se comprobó que yo no abusé de ellos”, contó.

Para este hombre, lo más difícil del proceso es la lentitud con que se atienden las solicitudes en los juzgados. En su caso, relata que “intentó al menos en dos ocasiones suicidarse por dejar de ver a sus hijos”, en especial, al saber que deberá esperar una audiencia hasta el 2023 para el régimen de visitas.

“La última vez que vi a mi hijo menor tenía cinco meses, ahora ya va a cumplir tres años y se puede decir que no lo conozco”, explicó.

En los casos en que los hombres son víctimas, muchas de las problemáticas están relacionadas con abusos verbales, pensiones alimentarias, no poder ver a los hijos y agresiones físicas o golpes.

‘Hace cuatro años mi hijo me llamó a escondidas’

Una historia similar vive Minor Chávez quien desde hace aproximadamente diez años no ve a su hijo, luego de que se fuera de su hogar por diferencias con su exesposa y su exsuegra. Chávez recordó vía telefónica y con la voz entrecortada, que su situación se originó después de que la mamá de su excónyuge llegó a vivir a su casa.

“Eso fue hace casi 12 años, yo vivía en Grecia y tenía que cuidar a la mamá de mi exesposa. Yo llegaba del trabajo y lo que hacían era, entre varios, apagarme la televisión, me quitaban mis programas”, dijo.

Agregó que su pareja le gritaba “delante de todo el mundo y, al final, cuando yo me cansé, me echaron de la casa y me pusieron la pensión”.

Según narra, en los inicios intentó ir al juzgado a pedir el régimen de visitas, pero se cansó al toparse con “tantas trabas”. Su exmujer solicitó una valoración psicológica e inspecciones de trabajo social que él no pudo atender por sus oficios.

El afectado, de 42 años, sostuvo que la última vez que habló con su hijo fue hace cuatro años cuando el menor tomó el teléfono de su mamá a escondidas, lo llamó diciéndole que lo extrañaba y que quería verlo. La progenitora se enteró por lo que decidió bloquearlo y perdieron comunicación al grado de que desconoce dónde viven o qué fue de ellos.

“Me puso una pensión tan alta que yo no podía pagar y estuve seis meses en la cárcel porque no me alcanzaba el dinero”, dijo el padre quien no pierde la esperanza de que, cuando su hijo cumpla la mayoría de edad, dentro de poco tiempo, puedan reencontrarse.

Don Minor Chávez tiene casi diez años de que no ve a su hijo, la última vez que supo de él fue cuando lo llamó a escondidas de su mamá.

A diferencia de los relatos anteriores, una tercera víctima a quien identificaremos como Manuel para resguardar su privacidad, experimentó violencia doméstica, pero no alejándolo de sus hijos, sino perjudicando su patrimonio.

Según denunció, los constantes ataques de su excónyuge desencadenaron que perdiera su empleo, pues lo despojaron de un taller en el que laboraba, ubicado junto a su casa y donde mantenía sus productos.

“La jueza me autorizó en una oportunidad entrar al taller y, apenas llegué con los policías de la Fuerza Pública, la señora empezó a agredirme. No nos quería dejar entrar y hasta ofendió a los oficiales. A mí casi se me tira encima a pegarme”, recordó el hombre de 51 años.

Tiempo después, Manuel logró ingresar, pero, para su sorpresa, varios de sus bienes valorados en más de ¢6 millones habían sido robados o estaban en mal estado, al tiempo que su expareja había solicitado quitarle la luz al inmueble para “que las cámaras que instalaron en el lugar dejaran de funcionar”.

El dato más alto de denuncias de hombres, sobre violencia doméstica, se registró en el 2018 cuando el número alcanzó los 13.730 casos. En los años siguientes, la cifra bajó a 13.431, 12.647 y 8.429 siendo este último número el más reciente del 2021. Las denuncias pueden involucrar a parejas sentimentales, hermanos, padres o hijos.

No obstante, si el análisis se hace por estado civil, los solteros son los que más denunciaron aparentes maltratos entre el 2018 y el 2021, con excepción del 2019, año en que los casados acudieron en mayor número al Poder Judicial.

Lo que sí es seguro es que, en temas de violencia doméstica, las mujeres son las principales víctimas. En el periodo de estudio, 8 de cada 10 denuncias fueron interpuestas por ellas. Esto se traduce en 47.000 femeninas que cada año, en promedio, acudieron a instancias judiciales a denunciar violencia doméstica.

Posición de abogada

Para Eugenia Quesada Montero, abogada y presidenta de la Fundación de Apoyo al Hombre (Fundiapho), en Costa Rica la violencia doméstica en contra del hombre crea gran temor porque existe la creencia de que visibilizar este tema es retroceder en la protección o la tutela a los derechos de la mujer.

Según dice, al menos 14 hombres por semana acuden a la fundación por casos que involucran violencia doméstica, muchos de ellos asisten a los estrados judiciales a solicitar las medidas de protección y se las rechazan bajo el argumento de que “son malentendidos de pareja que deben solucionarse con consejería”. Para Quesada esa podría ser una de las razones de la baja en el número de denuncias en los últimos años.

¿Por qué las rechazan? La abogada alega que “los funcionarios judiciales no han sido educados para afrontar casos de violencia doméstica contra hombres”.

“Hay casos donde les han tirado cloro en los genitales. Cuando están dormidos, les ponen una plancha caliente en la espalda, les han quebrado una silla (…) La agresión verbal es prácticamente a diario y en todos los espacios posibles porque está validada socialmente”, sostuvo.

Quesada añade que, hace nueve años, un Tribunal de Familia dispuso que, para recibir una denuncia, las víctimas deben tener dependencia económica o psicológica y “como en la mayoría de las causas (de hombres) eso no ocurre, las rechazan”.

Mantenerse lejos de los hijos en ocasiones por manipulación de sus exparejas, según los afectados, y esperar varios meses o años por un régimen de visitas, es parte de lo que experimentan los hombres.

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