El aeropuerto de AMLO

AICM

En su desconcertante entrevista con Ciro Gómez Leyva de la semana pasada, Andrés Manuel López Obrador afirmó, entre categórico e iracundo, que de ser elegido presidente, cancelará las obras en curso del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (NAICM) en el Lago de Texcoco, para así “ahorrar mucho dinero”. Como alternativa, se propone construir “dos pistas” donde ahora está la Base Aérea de Santa Lucía. Así de fácil.

La enorme Metrópoli Mexicana (ZMCM), con el actual aeropuerto Benito Juárez totalmente saturado, necesita y merece un gran aeropuerto clase mundial que la conecte al mundo con eficiencia y apuntale su productividad internacional, no un parche adicional. En la era de la globalidad, los aeropuertos se han convertido en elementos centrales para la competitividad, el empleo y la modernización de las grandes ciudades.

El remiendo de AMLO es preocupante por tratarse del precandidato puntero a la presidencia; si no fuera el caso, no merecería mayor atención, pues no resiste un análisis serio. Pero debe tomarse en cuenta y enfrentarse con argumentos sólidos, pues el tema del aeropuerto resulta vital para el futuro de nuestra ciudad capital y su vasta región de influencia, en la pujante región del México central.

El NAICM, que ya se construye en donde estaba el Lago de Texcoco no estará listo antes del 2021; se trata de una magna obra, y cuando funcione a plenitud sería el cuarto aeropuerto más grande del mundo en términos de volumen de pasajeros. Funcionará con tres pistas dobles en operaciones simultáneas.

Con esta modalidad evitará una prematura saturación y podrá tener una vida útil muy prolongada. Se calcula que en menos de veinte años podrá mover hasta 75 millones de pasajeros al año y con el tiempo llegar hasta 120 millones. Se trata de una obra compleja, sobre suelos muy difíciles y grandes exigencias ambientales y de ingeniería.

El proyecto de AMLO, de construir dos pistas en Santa Lucía es apenas un incipiente bosquejo. Adolece de problemas fatales y definitivos, como el de suponer que operaría en concierto con el actual Benito Juárez lo cual, de ser cierto, causaría enormes problemas de tráfico e incomodidades a los sufridos pasajeros en conexión.

Pero por razones de seguridad y navegación aérea, simplemente no es posible que operen simultáneamente, ya que generaría interferencia sobre un mismo espacio aéreo, compartido por un enorme volumen de vuelos. Por eso el NAICM contempla cerrar el actual Benito Juárez, apenas entre en operación. Esto ha sido estudiado cuidadosamente por la prestigiosa corporación MITRE, vinculada al MIT y autoridad mundial en la materia, así como por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI).

Por otro lado, las pistas que se pueden construir en Santa Lucía, en la superficie de su polígono, tendrían una vida útil limitada por su ubicación, en medio de una zona periurbana de muy rápido crecimiento que pronto estrangularía al aeropuerto, saturándolo en alrededor de cinco años. Eso sí lo hace carísimo, pues la amortización de esa inversión tendría un horizonte temporal sumamente corto. No es, ni en el mejor de los casos una solución, ni a mediano plazo.

El NAICM será caro, como cualquier aeropuerto de comparable dimensión, como el de Beijing. Su costo, se estima en nueve mil millones de dólares. A diferencia de Santa Lucía, sería autofinanciable bajo un esquema mixto de concesiones licitadas e inversiones público-privadas. No es un tema de gasto público, sino de inversión, y su retorno a largo plazo lo hace perfectamente viable, pues con un total de hasta seis pistas operando, contará con un amplio horizonte temporal para amortizar la inversión.

El impacto de un gran aeropuerto sobre los territorios aledaños y aún sobre su región será decisivo. No se puede dejar de lado la consideración de impacto demográfico, territorial y ambiental a diversas escalas. Su ubicación, al norte del Lago de Texcoco tiene mucho más espacio abierto que Santa Lucía, donde la conurbación ha copado ya el terreno. Bien planificado, desde una óptica espacial y ambiental el NAICM puede detonar, por fin, desarrollo en la zona oriente, la más pobre de la Ciudad y del Estado de México.

Habría una gran derrama económica y demanda de empleo en el oriente de la ZMCM y aún en ciudades cercanas como Texcoco y Pachuca, por ejemplo.

Los aeropuertos tienen una sinergia clarísima con las ciudades que sirven y conectan. Vivimos una era de grandes megalópolis interconectadas en una densa red global. La Ciudad de México tiene la dimensión y capacidad económica para convertirse en Ciudad Global, de tipo “Alfa”, capaz de competir y articularse como triunfadora en la globalización.

El aeropuerto de AMLO sería una gran regresión. No se trata de una TAPO más, se trata del mayor hub de América Latina y de posicionar con fuerza y ventaja a la Ciudad de México entre las urbes más competitivas del planeta.

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