La Chino-Fobia: más peligrosa que la Influenza, ya está en Norteamérica

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Fuente: Cortesía

No cabe duda, que el comercio internacional permite el crecimiento económico de las naciones y promueve las relaciones entre los países a través de las operaciones que realizan los particulares, siempre y cuando operen al amparo de las leyes y organismos internacionales que han permitido el equilibrio mundial los últimos 70 años.

Formar organizaciones como la Organización Mundial de Comercio (OMC) no fue fácil y solo así se regulo esta actividad básica para la economía.

Históricamente, desde Alejandro el Grande en la búsqueda de ensanchamiento de las fronteras de Grecia, el emperador Romano Vespasiano en su afán de dominar el comercio con Oriente y la siempre misteriosa China en protección de la ruta de la seda, siempre los acuerdos y desacuerdos de comercio internacionales fueron causa y pretexto de envidias y guerras, sojuzgamiento y siempre la preponderancia económica, que derrama el comercio representa no solo un capital político sino el real capital económico capaz de brindar seguridad económica, hoy estas organizaciones se ven amenazadas.

Hoy una vez más en el cíclico devenir histórico, Oriente y Occidente se enganchan en un peligroso juego de poder sobre la preponderancia en el comercio mundial.

La administración Trump, sin que mediara razón diplomática y sin necesidad de ello, ataca no solo por el flanco económico-comercial a China, sino que revive el terror vivido en la era de los 50’s considerando que el mayor peligro que hoy, como entonces, el mundo enfrenta, es el comunismo en su versión comercial, y de un día a otro, políticos estadounidenses piden acabar hasta con los programas universitarios de intercambio cultural con China; es posible que no dimensionen justamente la problemática que esto podría acarrear.

Es probable que asista la razón en algunos temas alegados por el ejecutivo estadounidense al aplicar tarifas – en realidad castigos-, al acero, al aluminio, y a cientos o miles de productos originados en China alegando robos de patentes y prácticas desleales de comercio; pero, una vez más se equivoca éste en el protocolo internacional, en la diplomacia, en la relación pacífica de coexistencia entre las naciones y el respeto a las diferentes culturas y eso, eso es no solo revivir la época de post-guerra de los 50’s, sino poner en peligro una vez más a la comunidad internacional.

En esta “guerra”, como decidió llamarle el propio Trump, “se ganaría rápida y fácilmente” — sin embargo dijo un comentarista de CNN, aunque los “Estados Unidos tienen una ventaja: exportan a China productos por valor de 130 mil millones de dólares, mientras que China envía a EU cinco veces más, y por ello EU puede recuperar impuestos de importación a más mercancía”, misma situación en que México se encuentra, dicho sea de paso.

Sin embargo, China podría estar en una situación más fuerte internamente ya que el presidente chino Xi Jinping tiene poder absoluto para limitar el descontento público y no le importan las elecciones.

Mientras que en América, Trump ha abierto muchos frentes de guerra comercial, incluyendo posiblemente el TLC/NAFTA y ante las próximas elecciones intermedias podría encontrarse más vulnerable a la presión pública si a causa de los aranceles aumentan los precios para el consumidor, a trabajadores y empleados, mismos a los que hoy les ha negado el derecho de cobrar “tiempo extra” en la jornada de 40 horas.

Otro factor que podría afectar a Trump es el voto de los agricultores –productores e intermediadores- de grano de exportación que votaron por él y podrían emitir un voto contrario.

¿Que busca entonces Mr. Trump con una guerra comercial que ha desatado, con las constantes alocuciones contra China y con México y con la orden de enviar la Guardia Nacional a la frontera con México? Creo que busca satisfacer, como en los tiempos de Vespasiano y el Circo Romano, el morbo de una gran población ignorante, droga u opio-adicta. Al fin y al cabo así ganó la presidencia ¿O cuál es su opinión estimado lector?

El autor es analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.