Siglo de estancamiento

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No sé si usted ya escuchó hablar de la idea de que este siglo será de estancamiento. Quien lo ha planteado con ese nombre es Lawrence Summers, uno de los economistas más importantes de Estados Unidos, que ha sido secretario del Tesoro, presidente de Harvard, y tiene dos tíos con Premio Nobel: Paul Samuelson y Kenneth Arrow. Con esas credenciales (y genes), lo que dice Summers es siempre digno de atención.

Pero no sólo él ha planteado esta idea. Tyler Cowen escribió un libro hace unos años, El Gran Estancamiento, que trata de lo mismo. En su opinión, los “frutos bajos” del árbol de la prosperidad ya los cosechamos, y los que quedan están muy altos, de forma que no vamos a repetir un siglo como el pasado. Más concentrado en Estados Unidos, Robert J. Gordon ha propuesto algo similar: se acabó el crecimiento. Y, como de costumbre, hay muchos otros que ven llegar el fin de los tiempos, las tragedias y los jinetes del apocalipsis, desde los que anuncian el fin del capitalismo, hasta los que esperan el final mismo de los humanos. A esos no hay que hacerles mucho caso.

Mientras estos expertos anuncian el fin del crecimiento y la recesión permanente, los precios de los energéticos han caído de manera notable. La razón tiene que ver con una menor demanda, pero sobre todo con una mayor oferta. Ahora tenemos mucho más petróleo y gas, como ya alguna vez comentamos, porque sabemos sacarlo de las piedras. Esto implica que será muy difícil que el precio de referencia del crudo supere de manera estable 50 dólares por barril. Más interesante aún es la velocidad a la que se ha estado reduciendo el costo de la generación eléctrica, especialmente con base en energía solar. Los anuncios más espectaculares tienen que ver con películas fotovoltaicas que prácticamente pueden colocarse sobre cualquier superficie. El avance en la capacidad de las baterías es también notable, y hay cada vez más inversión en esto. La posibilidad de que una proporción relevante de los autos nuevos no consuma gasolina en los próximos cinco años, no es menor.

Comento el asunto de la energía porque es uno de los factores determinantes del crecimiento económico. Una persona en México consume hoy seis veces más energía de lo que consumía un ser humano hace 200 años. Por eso vivimos más tiempo y en mejores condiciones. En Estados Unidos y Canadá, con un clima más difícil, consumen siete veces más que nosotros. Por eso también pueden vivir varias veces mejor (como usted guste medir, puede ser diferente).

El otro gran elemento en el crecimiento es el manejo de información, y lo que hemos logrado en el mundo en este tema en los últimos 25 años es verdaderamente espectacular. Entre muchas otras cosas, desciframos el genoma humano a inicios del siglo, y desde entonces la medicina ha avanzado a pasos agigantados.

¿Por qué entonces personas tan calificadas como Summers, Cowen y Gordon creen que el mundo está estancado y así seguirá? Primero, me parece, porque tienen una perspectiva excesivamente centrada en Estados Unidos, que ciertamente no ha crecido mucho en los últimos 25 años. Pero China sí lo hizo, captando buena parte de un crecimiento que de otra manera habría ocurrido en países desarrollados. Y lo mismo la India, y en menor medida otros países. De hecho, en los últimos 25 años se redujo la pobreza global en 35 puntos: la mayor reducción en la historia de la humanidad. Sí, durante el horrible neoliberalismo.

Pero hay otras razones por las que, con todo lo que hoy tenemos, abunda el pesimismo. Se las platico el lunes (para que no piense en las elecciones).

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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