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Esa mancha rojo oscuro es la enésima ola de calor que llega la próxima semana. Y sí, está sobre España

Pues parece que el verano no se ha acabado todavía. Si los modelos predictivos se cumplen, para los días 13 y 14 de agosto viviremos un nuevo episodio de calor extremo (y más que probablemente otra ola de calor). Evidentemente, la incertidumbre aún es muy alta y no sabemos exactamente cómo se comportará exactamente la DANA que amenaza con volver a encajonarnos en diez días.

Por eso, lo preocupante aquí va más allá de las temperaturas: lo preocupante es ver una y otra vez la misma estructura atmosférica dibujándose en los mapas desde hace meses; es decir, lo preocupante es la sensación permanente de ‘déjà vu’. ¿Estamos en el ‘verano de la marmota’?

De nuevo una DANA enganchada en el atlántico. Como explicaban en RAM, «si esta situación se da, iría acompañada de la estructura en altura de DANA (dorsal anticiclónica) con entrada de aire tórrido africano». Es la misma estructura que lleva martilleándonos durante todo el verano y, por eso mismo, quizás es el momento de preguntarse si es una configuración que ha venido para quedarse.

Al fin y al cabo, como señalaba Ángel Rivera, un histórico del INM-AEMET, hay mucha incertidumbre aún sobre cómo se comportará finalmente la DANA; tras varias DANAs, el último aviso quedó finalmente en nada (y, por ejemplo, el modelo del ECMWF es relativamente mejor). No obstante, hay que estar alerta porque «lo que sí es claro es que desde los 80-90 ha habido importantes cambios en la circulación atmosférica que parecen irse agudizando».

Llueve sobre mojado (y más que va a llover). Más allá del agotamiento que arrastramos con el calor, esto tiene problemas a medio-largo plazo. Como señalaba González Alemán, de la AEMET, todo parece indicar la inminencia de este evento cálido atmosférico en el Mediterráneo, va a complicar aún más la situación en las zonas de este mar que ya viven una «ola de calor marina»; algo que, según parece, «irá a peor en los próximos 10-15 días».

Esto es un problema ecológico, claro, y la crisis térmica está comprometiendo muchos entornos marinos (con sus consecuencias directas para los caladeros); pero también es un problema en tierra firme porque, como hemos explicado en varias ocasiones, el calor del agua es un factor que aumenta el tamaño y la virulencia de las «gotas frías» (en caso de que estas se produzcan). Si el Mediterráneo llega caliente a otoño, podemos esperar tormentas mucho más intensas de lo habitual y todo lo que eso conlleva.

¿El nuevo normal? Eso es lo verdaderamente preocupante. No que este año sea raro, ni siquiera que la temporada hídrica vaya a ser durísima este 2022-23: lo que realmente tiene alerta a los expertos es la posibilidad de que estas dinámicas de circulación atmosférica (que parecen condenarnos a una ola de calor permanente) se conviertan en la nueva normalidad meteorológica del verano.

Y los tiene alerta porque eso sometería a los sistemas que España ha desarrollado durante los últimos años a un estrés bastante considerable. Por decirlo de forma clara: si esta situación se muestra estable, nos veremos obligados a conceptualizar muchas de las infraestructuras más básicas de la sociedad y en un entorno bastante crítico, además. Por ello, más allá de si aciertan o no los modelos predictivos sobre el 13-14, el panorama es complicado.

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