El espejismo del referéndum independentista en Cataluña

33

Por cada catalán que apuesta por la independencia de Cataluña hay tres que buscan reformular su encaje, sin llegar a la ruptura con el conjunto de España.

Ahora bien, cuando se le pone al ciudadano en la disyuntiva dicotómica del sí o no a la independencia son algunos más los que votarían afirmativamente.

¿Dónde está la clave de esta aparente esquizofrenia? ¿Por qué hay un 16% de catalanes que votarían a favor de una república catalana no siendo la independencia su modelo preferido?

Pues sencillamente porque el actual debate se está planteado sobre dos premisas tan simplificadoras que impiden captar la complejidad del problema.

En primer lugar, los promotores del debate sólo permiten dos opciones enfrentadas: la ruptura radical o el inmovilismo.

No dejan lugar a las opciones mayoritarias: reinterpretar la Constitución o incluso reformarla para dar encaje a las actuales necesidades de Cataluña dentro de un marco de convivencia común.

La segunda premisa engañosa es la confusión entre el concepto independencia y el del referéndum, que goza en nuestro país de gran prestigio como vía de participación ciudadana. La confusión se traslada a cualquier pregunta en la que esté incorporada la palabra referéndum.

De ahí la tendencia en las encuestas sobre referéndums a manifestar mucha mayor predisposición a acudir a votar de la real. Lo hemos visto en Colombia, en Italia, en el Reino Unido, en Hamburgo…

En el referéndum del Estatut en 2006 el 86% de los entrevistados por el CEO manifestaban su voluntad de acudir a las urnas: finalmente lo hicieron el 49%. Por eso una respuesta del 54% de entrevistados por GAD3 predispuestos a votar no permite esperar una participación superior a un tercio del electorado.

Máxime cuando el apoyo a una consulta unilateral cuenta sólo con el respaldo del 27% (el 37% del 71% favorable a una consulta) y cuando los que creen que el proceso soberanista terminará con la independencia a corto plazo se reduce al 12%.

Pero la mayor simplificación es la de reducir todo el debate político a un único asunto, que no es precisamente el prioritario para la mayoría de los catalanes.

“La independencia no basta para convencer siempre al votante”, ese es el análisis del sociólogo más reputado del Reino Unido, John Curtice, sobre la caída del Scottish National Party en las elecciones generales de junio.

Idéntico análisis se hizo en las últimas elecciones generales de Canadá donde el Bloque Quebequés siguió perdiendo apoyos tras prometer la celebración de un tercer referéndum. Ambos partidos nacionalistas han optado ahora por aparcar su promesa de nuevas consultas.

En definitiva, para comprender lo que está pasando en el electorado catalán es preciso analizar en conjunto todas las preguntas del barómetro sin confundir el espejismo de una única pregunta sobre el referéndum con la auténtica motivación de la sociedad catalana.