El PSOE se pone a correr como un pollo sin cabeza

La relativa calma y moderación que vive el PSOE desde que la gestora que preside Javier Fernández se hiciera cargo en octubre del año pasado de la dirección del partido no deja de ser un mero espejismo, ya que la guerra interna por hacerse con el poder ha resurgido con fuerza a cuatro meses de las primarias de mayo de 2017, sin que, por el momento, el principal partido de la oposición tenga claro su futuro rumbo político.

Patxi López presentó ayer en Portugalete (Vizcaya) las bases del proyecto con el que pretende convertirse en el nuevo secretario general del PSOE, pero su discurso, lejos de resultar novedoso y constructivo, volvió a resucitar el obcecado frentismo que tan malos frutos cosechó bajo el mandato de Pedro Sánchez.

El que fuera uno de los máximos aliados del anterior líder socialista señaló al PP como su principal «enemigo» y apeló a la unidad del partido para acabar con el «autoritarismo» del actual Gobierno.

Este particular tono no solo recuerda mucho al desastroso «no es no» de tiempos pasados, con el que Sánchez logró los peores resultados electorales de la historia del PSOE, sino que contradice la propia carrera política de López, puesto que su sueño de convertirse en lendakari vasco fue posible gracias al apoyo del Partido Popular, las mismas siglas a las que ahora responsabiliza de todos los males.

Susana Díaz, por su parte, sigue deshojando la margarita de su candidatura y, pese a que todos dan por hecho que se presentará, sigue sin dar el paso que necesita su partido para desarrollar de una vez el debate ideológico con el que poder cerrar su larga y agónica crisis interna.

Y todo ello sin olvidar que Pedro Sánchez no da la batalla por perdida y amaga también con presentarse. El PSOE sigue, pues, descabezado y sin un rumbo claro.

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