Insectos: ricos en proteínas, calcio y vitaminas, pero bajos en popularidad

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Aspiran convertirse en «el nuevo sushi». Desde el pasado 1 de enero la Unión Europea permite la comercialización de insectos como alimento para uso humano. Como las naranjas o la leche. En algunos países su consumo está normalizado y son considerados manjares, tal es el caso de los chapulines (pequeños saltamontes), muy populares en México, o las hormigas culonas en Colombia.

Aunque la entomofagia (que así es como se denomina a la práctica de comer insectos por el hombre) complementa la dieta de aproximadamente 2.000 millones de personas en todo el mundo, no goza de mucha tradición (por no decir que de ninguna en absoluto) en nuestro país, el primer paso está dado. Aún queda mucho camino por recorrer –cultural, gastronómica e incluso legalmente– pero han llegado para quedarse, pasando de ser considerados como una herramienta para paliar el hambre en el mundo a convertirse en el «superalimento del futuro».

Y es que parece que están llenos de ventajas y, a su interesante contenido nutricional, hay que sumarle lo sostenible que resulta su producción, entre otras cualidades.

A favor

Los insectos destacan particularmente por su alta cantidad de proteínas «que se asemeja a la de alimentos de origen animal mas conocidos en la cultura occidental como la carne de cerdo. También contienen calcio, vitaminas del grupo B y ácidos grasos poliinsaturados, estos últimos sobretodo en estado larvario», señala Natalia Hernández, presidenta de la Asociación de Dietistas-Nutricionistas de Canarias (Addecan). Además, continúa, «las proteínas provenientes de los insectos poseen un alto valor biológico, al igual que las que proceden de los alimentos de fuentes proteicas tradicionales».

Sin embargo, en opinión de la doctora Katherine García, miembro del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), aunque los insectos podrían considerarse una alternativa a las fuentes nutricionales tradicionales, «porque son ricos en proteínas en proporción a su peso, el valor biológico de las mismas en ningún caso es comparable al de animales mayores. El valor biológico de una proteína depende de la cantidad de aminoácidos esenciales (no sintetizables por el organismo) que aportan; el mayor valor biológico lo tienen algunas proteínas del huevo y los lácteos; a continuación carnes y pescados de consumo habitual y, con menor valor, estarían los insectos. Por otra parte, cada uno tiene un valor nutricional, según la especie de la que se trata», explica.

Su baja cantidad de hidratos de carbono y grasas serían otras ventajas nutricionales. «Otra cosa que podemos destacar de ellos son sus micronutrientes: dos veces más calcio que la leche, tres veces más magnesio que la carne, dos veces más hierro que la espinaca, diez veces más vitamina B12 que el salmón y como guinda son de alto contenido en fibra», cuenta Alberto Más, a un curso de graduarse en Nutrición Humana y Dietética en la Universidad de Alicante y CEO de Insectfit, una de las primeras empresas que se ha apuntado al carro de los bichos para comer: barritas energéticas hechas con harina de grillo.

«El producto consiste en barritas de 40 gr. recubierta de una capa de chocolate pura y contiene un 25% de harina de grillo, lo que le repercute un gran aporte proteico, la barrita tiene 13,5 gr. de proteínas», apunta Gabriel Vicedo, CEO de Insectfit, junto a Más, y licenciado en ADE.

Quizás esta sea una buena estrategia para evitar el recelo, rechazo o incluso asco histórico y hasta irracional que suscitan los bichos. Y ése sería el principal escollo a superar: conseguir deleitarse llevando al plato –a la boca– algo asociado irremediablemente a la falta de higiene, si bien «los criterios aplicables para la producción de estos alimentos se basan en la regulación de la UE en materia de higiene y seguridad alimentaria, por tanto, con carácter general podríamos decir que las exigencias para una granja de cría de grillos, por ejemplo, no debería diferir demasiado de las de una granja de cría de perdices», asegura José María Ferrer, jefe del Departamento de Derecho Alimentario de Ainia, centro tecnológico.

El rechazo, reconoce Vicedo, era su principal miedo a la hora de embarcarse en este proyecto: «Pensábamos que iba a ser muy difícil que la gente lo aceptara, pero nos hemos dado cuenta de que está siendo más fácil de lo que creíamos». Aunque sabe que queda mucho camino por recorrer, «porque es una minoría la que está dispuesta a consumir alimentos elaborados con insectos, o los propios insectos, pero es algo de lo que somos conscientes, en España no existe esta tradición gastronómica y lo más normal es que de primeras cualquier persona ajena a la entomofagia tenga recelo. Para esto estamos nosotros, para mostrarles que es un alimento muy beneficioso para nuestra salud, para el medioambiente y que vale la pena darle una oportunidad de entrar en nuestras cocinas».

Algo que no parece fácil de conseguir. Más aún teniendo en cuenta la riqueza y las bondades de la dieta mediterranea. Conscientes de ello los emprendedores tienen clara la estrategia, y empezarán introduciendo estas barritas «enfocadas a los deportistas, pero no nos queremos quedar ahí y ya estamos trabajando en el desarrollo de pasta alimenticia, pan y proteínas. Queremos ofrecer una amplia gama de productos elaborados a partir de este tipo de harina», asegura Vicedo. Y, aunque la harina que utilizan proviene de granjas de Tailandia (el mayor exportador de insectos a nivel mundial), su idea es poder adquirir un proveedor en Europa y, preferiblemente, en España.

Pero, ¿a qué saben? Y ¿cómo se consumen? Los insectos como tal, no tienen un sabor característico y podríamos decir que saben a fruto seco. De hecho, otra forma en la que se presentan comercialmente es en su forma entera cocinados en diferentes estilos para comerlos como snack salado. Entre los más populares estarían los escarabajos, las orugas y las hormigas.

En cuanto a «la forma de elaboración más recomendable en relación a bajo aporte calórico sería a la brasa. Los insectos en forma de harina permite elaborar otros alimentos (galletas, barritas energéticas, etc)», apunta la nutricionista de la SEEN.

Una vez se consigue superar el recelo, ¿qué hay de su seguridad alimentaria? ¿Existe algún tipo de riesgo por su ingesta? Según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), no se conocen casos de transmisión de enfermedades o parasitoides a humanos derivados del consumo de insectos (siempre que los insectos hayan sido manipulados en las mismas condiciones de higiene que cualquier otro alimento). No obstante, sí advierte de que pueden producirse alergias comparables a las de los crustáceos, que también son invertebrados. Además, apunta que «en comparación con los mamíferos y las aves, los insectos pueden plantear un riesgo menor de transmisión de infecciones zoonóticas a los humanos, el ganado y la fauna, aunque este tema debe investigarse más a fondo».

Lo que sí desaconseja la presidenta de Addecan es el consumo de insectos «en niños y mujeres embarazadas o en periodo de lactancia. Tampoco a aquellas personas con alergia a los crustáceos o múltiples alergias, ya que se desconoce el potencial alérgeno de los insectos».

Aspectos Sanitarios

Otro tema que quedaría pendiente es la forma de preservarlos, ya que «a día de hoy, no conocemos qué medios se deben de tener en cuenta para su conservación, todavía hay un vacío que debe ir rellenándose poco a poco», continúa Hernández.

Por último, la etiqueta de estos nuevos alimentos, como en cualquier otro producto que se comercialice en la Unión Europea, «deberá respetar los elementos obligatorios establecidos en el artículo 9 del Reglamento 1169/2011 en materia de información al consumidor. Además de ello y teniendo en cuenta lo “especial” del alimento, habrá que estar atento a los requisitos que se puedan derivar de la aprobación como nuevo alimento en cada caso concreto, de acuerdo con lo establecido en el Reglamento 2283/2015 y su desarrollo posterior», asegura Ferrer.

«Nuestro país tiene una diversidad gastronómica tal que dudo que se generalice el uso de insectos en los próximos años, aunque seguramente el consumo de insectos se incrementará, ya que si la ley permite que estén a nuestra disposición, más de uno los probará, al menos una vez. Lo raro, exótico siempre atrae a las personas», augura García. Sólo el tiempo le dará o quitará razón y será quien diga si los insectos pasan, finalmente, a formar parte de nuestra dieta.