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Pederastia: perversión y talón de Aquiles de las élites

Por Magdalena del Amo.- Una de las protagonistas del momento es la reina de Inglaterra por desposeer de todos los títulos a su hijo predilecto, el duque de York, viajero de las exclusivas excursiones a la isla de las Lolitas, un “paraíso” destino de ricachones y gente de poder, en el que la violación y el abuso de menores no era el peor de los delitos. No voy a pormenorizar ahora sobre el final de muchos de estos niños y jóvenes a manos de estos depredadores acostumbrados a saltarse todos los límites.

Cuando el propietario de la isla, Jefrey Epstein, entró en prisión y se comprometió a colaborar con la Fiscalía, algunos se frotaron las manos porque, por fin, la lista de los protegidos pederastas iba a ver la luz. Yo, muy lejos de ese optimismo, auguré que lo “suicidarían”. Y así fue. No podían permitir que tirase de la manta. Es el modus operandi de siempre.

La reina de Inglaterra, presuntamente, conoce bien estas desviaciones de las élites a lo largo del tiempo. Es un secreto a voces que determinados clanes utilizan a los niños para ciertos fines siniestros. Es una práctica milenaria, pero estos clanes son intocables.

La pederastia de alto standing es una gran lacra. Sin embargo, ni políticos ni instituciones se atreven a hincarle el diente a uno de los delitos más vergonzosos contra la humanidad, en concreto, contra la parte más vulnerable: los niños. Y no me refiero a bigardos y bigardas a punto de cumplir la mayoría de edad, sino a infantes de pocos años, incluso lactantes. En unos tiempos, en los que es delito dar una colleja a un niño y es casi motivo de cárcel revisar su teléfono móvil, nuestros políticos e instituciones hipócritas cierran los ojos y eluden plantear la pederastia como un tema candente al que hay que ponerle solución. No solo eso, sino que grupos progres demandan despenalizar las relaciones con menores. ¿Qué impide que no se aborde firmemente este problema? ¿Qué hay detrás de todo este mundo sórdido?

Ocasionalmente, los medios de comunicación publican la desarticulación de una red o algún caso en solitario y detenciones en medio de un gran despliegue mediático. En general, suele tratarse de pobres diablos o entrenadores deportivos, sacerdotes descarriados o personas que por su profesión están en contacto con menores; viejos verdes que seducen a adolescentes a cambio de regalos o dinero, o traficantes de pornografía infantil en la red, en las que caen unos cuantos de los primeros eslabones de la cadena, y ni siquiera eso. Sin embargo, rara vez, los protagonistas de estas noticias son gente influyente y cuando es así, jamás se llega al fondo del asunto. Nunca se atrapa a los auténticos pederastas de alto standing, unidos por el secreto y viciosos por generaciones, que son los que fomentan esta lacra social, que en las últimas décadas ha crecido considerablemente, gracias a la protección que su estatus económico y social, o su pertenencia a las logias les proporciona.

En las altísimas esferas del poder –sea este financiero, político, militar o científico—es un tema tabú. Los políticos lo saben, los fiscales también, los jueces ídem, pero este asunto es intocable. Su gravedad es de tal envergadura que abrir el archivo haría tambalear instituciones y círculos que representan el respeto a los derechos humanos y a la justicia.

Aun siendo un tema gravísimo en cualquiera de sus manifestaciones, podríamos decir que existen grados. Hay un tipo de pederastia que se limita al abuso de los menores, que ya en sí es vergonzoso, por el daño que se inflige al niño, que un día se convertirá en un adulto con un sinfín de problemas difíciles de tratar. Pero hay otro tipo de pederastia mucho más grave, la pederastia “dura”, con muchos flecos a cual más perverso, en los que no se practica solo el abuso sexual del niño, sino su confinamiento, tortura y asesinato. Los vídeos “snuff” y los rituales en los que corren las drogas, la sangre y se vulneran todas las fronteras de la conciencia, existen y no podemos cerrar los ojos a esta realidad. Para la Interpol es un auténtico dolor de cabeza desde hace años, precisamente por los problemas que encuentran a la hora de investigar.

Pederastia y pedofilia, aunque son términos que suelen confundirse, empleándose incluso como sinónimos, hay que decir que por pedofilia o paidofilia se entiende una atracción y una ternura especial por los pequeños, que, en principio, no siempre conlleva un motivo sexual mientras que la pederastia es un vicio y una perversión que consiste en la realización de actos sexuales con un menor, la mayor parte de las veces contra su voluntad, ya que en esta sucia actividad están involucrados niños pequeños, incluso de meses. Si bien es cierto que la pedofilia es, en principio, y al principio, inocente, en muchos casos es una inclinación que da paso a una pederastia abierta.

Estas prácticas suelen mantenerse en secreto, porque los pervertidos, conscientes de lo despreciable de su inclinación a los ojos de la sociedad, procuran mantenerse en el anonimato. Por otro lado, tienen miedo al escándalo y al peso de la ley en el caso de dar con fiscales y jueces valientes y no fácilmente susceptibles a las amenazas o al chantaje.

Ante un hecho tan antinatural, como es el sentir excitación sexual ante un niño, hay que preguntarse de dónde puede provenir un sentimiento tan extraño. Y si por otro lado esta antinatural inclinación es tan abundante en los últimos años, nos inclinamos a sospechar que la raíz de este hecho tiene causas profundas que tenemos la obligación de analizar. Y aunque los eufemismos y la ingeniería social son muy eficaces, las masas, bombardeadas en los últimos años con la idea de las opciones sexuales alternativas, rechazan de plano que los adultos tengan relaciones sexuales con niños, por más que los abanderados del ultraprogresismo estén queriendo quitarle asquerosidad a la pederastia.

A decir verdad, gracias a la labor de zapa de la publicidad y los medios de comunicación, nos vamos acercando.
En Holanda, país laicista por excelencia, donde se saltan todas las líneas rojas del orden vital y la recta evolución, con una progresía desaforada y unas autoridades ciegas, llevan cometiendo tremendos disparates desde hace años.

Tras ser rechazada en los tribunales la prohibición de su legalización, en el 2006 se fundó el Partido del Amor Fraternal, la Libertad y la Diversidad (PNVD). El tufillo del enunciado se siente a las claras. Su programa reivindicaba rebajar la edad de consentimiento sexual, de los 16 años a los 12, legalizar la posesión de pornografía infantil, la prostitución, el consumo de drogas y admitir la zoofilia como un derecho natural. En el 2010 el partido pedófilo fue ilegalizado. Pero los holandeses no son los únicos que bregan con este tipo de ocurrencias. En Alemania, hace tiempo que un grupo político está intentando conseguir lo mismo. Conviene citar el “experimento Kentler”, llevado a cabo en esta nación, en los años setenta, que amparado en un programa pedagógico entregaba niños huérfanos y de familias desfavorecidas a casas de acogida dirigidas por pederastas. Los testimonios de los adultos que pasaron por esos centros cuando eran niños son escalofriantes.

El hecho de que esta ideología sea tan común entre las grandes autoridades de muchos países, y que sean ellas mismas las que tienen en sus manos los planes de educación, convierte esta perversa inclinación en una gran amenaza para la humanidad.

Es muy probable que a más de un lector le sorprenda esta degeneración entre los dirigentes mundiales. La razón de esta ignorancia es que los grandes medios de comunicación son propiedad o están bajo la directa influencia de muchos de estos líderes políticos y económicos, que se cuidan muy bien de protegerse entre ellos y evitar que ciertas noticias “sensibles” lleguen al conocimiento de las grandes masas.

Por eso, hay multitud de casos que han quedado en el aire, rodeados de dudas y de falsas explicaciones. Recordemos que en Inglaterra, hace unos años saltó a la prensa mundial el caso conocido como “Operación Conífera”, que involucraba al líder del Partido Conservador y exprimer ministro, Edward Heath. Se le acusaba de abusos a menores, al mismo tiempo que se denunciaba a la policía de haber sido muy laxa en la investigación de varias denuncias interpuestas por los padres de los niños abusados. Los denunciados eran personas intocables y blindadas del estáblisment. Las palabras del comisario-jefe de Wiltshire, Mike Veale, no dejan lugar a dudas: “Teníamos abrumadoras y obvias razones para investigar. […] Sir Edward Heath era una persona muy influyente y una de las más poderosas del mundo, en su momento”.

Ante un tema tan escabroso y tan aparentemente irreal, no es de extrañar el manto de duda que recubre algunas de las informaciones vertidas en libros, como los de Brice Taylor, Cathy O’Brian, Svali y otros del mismo cariz, citados en el libro Teovnilogía [1]. Pero lo cierto es que abundan los testimonios de personas de las que no se puede dudar, y que han pagado con su vida por haberse atrevido a hablar claramente. En dichas obras, aparecen como abusadores de menores importantes personajes de la política norteamericana, congresistas y senadores, a los que se cita por sus nombres y apellidos.

Si bien estas informaciones tan escandalosas suscitan dudas, estas desaparecen ante los testimonios de altos funcionarios federales, como William Cooper o Ted Gunderson, jefe del FBI de Los Ángeles, que llegó a tener bajo sus órdenes a setecientos policías. Sus declaraciones sobre la pederastia a la que eran adictos muchos congresistas, senadores y miembros de la Casa Blanca, las denuncias investigadas por él minuciosamente sobre las redes mafiosas de secuestros de niños, y la increíble cantidad de estos que desaparecen cada año, la abundancia de centros donde se practican ritos y ceremonias satánicas con sacrificios de menores, la implicación de altas autoridades del Pentágono en todas estas operaciones, en las que también están involucrados niños y jóvenes esclavos sexuales, víctimas del control mental heredado del nazismo, tienen como aval el asesinato del propio Gunderson, ordenado por “alguien” con mucho poder a quien le preocupaba que verdades tan terribles salieran a la luz. Y no solo él fue asesinado, sino también la senadora Nancy Schaefer y su marido, colaboradores en todas estas investigaciones. La extraña muerte de estas tres personas es uno de los muchos asuntos “inexplicables” que nos encontramos cuando se investiga la corrupción en las altas esferas del poder y sus profundas cloacas.

El secretismo que los pederastas mantienen sobre su inclinación hace muy difícil la estadística; es muy difícil llegar a tener una idea clara del número de adictos. El psicólogo y sexólogo japonés-canadiense, Michael Seto, de la Royal Ottawa Healthcare y profesor en la Universidad de Toronto, en su libro publicado en 2008, Pedophilia and Sexual Offending Against Children: Theory, Assessment and Intervention, hace un profundo estudio de todo este asunto y llega a la conclusión de que los resultados finales son todavía muy inciertos, aparte de que habría que calibrar mucho entre los diferentes grados y matices de esta inclinación anómala hacia los menores, y debido a ello, los resultados finales variarían bastante. Por ejemplo, mientras algunos estudiosos establecen que el número de pederastas entre la población general se acerca al 5 por ciento, otros dicen que no supera el 1,5 por ciento. Algunas fuentes sostienen que la cifra total de pederastas en el mundo ronda el millón de personas, aunque, como ya expresamos, las cifras finales dependen de qué grado de pedofilia pueda considerarse una pederastia.

Todos los estudios coinciden en que con la llegada de Internet, debido a la posibilidad de mantener en secreto su inclinación, el número de pedófilos y de pederastas ha crecido en muy poco tiempo exponencialmente, y continúa haciéndolo.

En los últimos años han estado muy presentes en los medios de comunicación los abusos sexuales a menores, cometidos en instituciones religiosas cristianas, especialmente en los internados. Realmente es un grave desprestigio para el cristianismo, no solo por el cinismo de los religiosos perpetradores de tales actos y por la traición a la doctrina que predicaban, sino, además, por el grave daño que infligían a los menores de los que abusaban. Pero, aunque ni un solo caso pueda tener justificación, contrariamente a lo que los medios laicistas pregonan, el índice de pederastia en la Iglesia es muy inferior al de cualquier otro colectivo. Hay que reconocer que la Iglesia es un blanco fácil, y atacarla siempre remunera.

Conviene señalar que la ONU —que aunque muchos lo desconozcan, está secretamente en manos de los impulsores del NOM y mantiene una solapada guerra contra el cristianismo—, atribuye las últimas oleadas de pederastia casi de una manera exclusiva a la Iglesia católica, omitiendo las estadísticas de otros grupos de profesionales —médicos, abogados, ingenieros e incluso de pastores protestantes— en los que la proporción de acusados de abusos sexuales y, en concreto, de pederastia, es muy superior a la de los religiosos católicos. Y eso aun entre grupos, como los de abogados e ingenieros, que, por su profesión, tenían menos contacto con menores y, por tanto, menos oportunidades.

Hollywood es el gran escaparate-altavoz que ofrece al mundo la mercancía que hay que consumir, sea en forma de moda, costumbres, gustos e incluso vicios desde hace más de un siglo. Aunque hay mucho que decir, vamos a ceñirnos al tema de la pederastia y el satanismo. En nuestras investigaciones, hemos ido descubriendo que los imitadores de Fausto y Teófilo están más presentes en nuestros días de lo que imaginamos. Vender el alma al diablo, a cambio de dinero, éxito o poder, parece no ser una simple leyenda, sino una fórmula para triunfar que algunos aplican. Siempre se habló de algunos cantantes, actores y actrices de Hollywood que habían sido premiados con grandes éxitos, a cambio de ciertos actos oscuros. Si no es cierto, su estética satánica y sus actitudes transgresoras, de burla y aversión hacia lo sagrado parecen confirmar lo contrario.

Hace tiempo que Hollywood forma parte de lo más profundo de las cloacas. Se habla de bebés, de sangre, de rituales, y se acusa a los poderosos de la industria de estar detrás de estas aberraciones. A este respecto, existen testimonios muy reveladores, entre ellos un off the record del actor Mel Gibson, en el backstage del plató del programa de Graham Norton Show de la BBC. No tenemos constancia de su veracidad y por eso omitimos su publicación. No obstante, remitimos al lector a Internet y que juzgue por sí mismo.

Si algún youtuber desea reproducir este texto o parte de él para la locución de su vídeo, debe pedir autorización y citar la fuente al principio de la narración.

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