Inicio Actualidad ¿Qué hay en el móvil de "El One"?

¿Qué hay en el móvil de "El One"?

Antes que la peligrosa y vulnerable Blackberry de Barack Obama, el teléfono político más conocido era "el motorola" —"la motorola", se decía— de Txiki Benegas. "Aquí el problema no es Solchaga. Aquí el problema es el One", —o sea "Dios", es decir Felipe González y no "el enano" — llegó a decir el socialista allá por 1991 desde aquel teléfono del coche sin sospechar que más tarde escucharía su propia voz en el programa de Iñaki Gabilondo en la siempre atenta cadena SER. "Terrorismo telefónico" lo llamó Benegas. Andaban los socialistas a tortas entre guerristas, felipistas, renovadores y otras hierbas y la solución fue filtrar una conversación entre el político y el periodista Germán Álvarez Blanco y emitirla por la radio. Hubo querella de la que salieron airosos en la SER, claro.

Ahora los teléfonos de moda son de los indepes y el del presidente, pobre, que también ha sido víctima del caballo alado, software muy novedoso que viene a hacer cosas que se llevan haciendo desde que hay teléfonos. Cierto o chufla, va el presidente y lo cuenta.

¿Que el CNI ha pinchado teléfonos de unos golpistas? Pedro Sánchez dice que no lo sabe porque además no lo puede saber. Pero el CNI prefiere decir la verdad hasta delante de Gabriel Rufián: que el presidente lo sabe seguro porque se lo cuentan y porque las prioridades, de hecho, las marca el Gobierno. Hay algo llamado Directiva de Inteligencia que no es más que la lista anual de objetivos que debe cumplir el CNI y que los marca, lógicamente, el Gobierno. Así que "El One" miente, para variar.

La directora del CNI, Paz Esteban, demostró que había permiso judicial para espiar unos teléfonos relacionados con una trama golpista y con los violentísimos episodios que sucedieron en Barcelona bajo la bandera de un tal Tsunami Democratic, o sea los mismos golpistas de octubre, que ho tornarem a fer. Era "una amenaza" y, por tanto, una prioridad de la que el Gobierno tenía pleno conocimiento. Pero resulta que con alguno de ellos andaba el presidente Sánchez buscando la forma de convertirlo en socio para llegar a La Moncloa. O sea, que les espían porque resultan peligrosos —vaya si lo son— y luego pactan el gobierno con ellos. Se ve que tras escucharlos en la habitación de los pinchazos se quedaron tranquilos: son peligrosos, han pasado el corte, son como nosotros.

Pere Aragonès está ofendido. Hijo y nieto de prósperos empresarios hoteleros no muy de izquierdas, Pere se considera autor, o al menos promotor, del lema "España nos roba". Ni su padre ni su abuelo, que fue alcalde de AP, estarán muy de acuerdo. También ha estado en Òmnium Cultural, entidad dedicada a boicotear productos españoles por no rotular el catalán. En resumen, vive de odiar a España y poco más. Desde los 16 años le viene el furor que le hizo militar en las juventudes de ERC y, quién lo iba a adivinar, llegar a la presidencia de la Generalidad.

Pero es socio de Sánchez y tiene razón en molestarse, aunque le hayan espiado porque lo mereciera en el curso de los acontecimientos. No olvidemos que, aunque alguno quiera borrar fotogramas de la historia, se dio un golpe de Estado a toda España desde la Generalidad de Cataluña en octubre de 2017 y luego se eligió a esos golpistas para formar gobierno de la nación. En resumen, que Aragonès esté ofendido es buena noticia. La mala es que se le concederá algo (más) para que se le pase. Seguro.

Rubén Fernández pregunta por Jaume Asens en La Moncloa sin obtener respuesta. Desaparecen, se esconden. Pero resulta que el presidente del grupo confederal de Unidas Podemos en el Congreso, o sea, socio sin lugar a dudas del Gobierno, dejó caer esto en un programa de televisión:

"Aquí hay una pregunta que mucha gente se puede plantear: es legítimo pensar que estas gigas que le han robado al presidente del Gobierno en su móvil tienen alguna cosa que ver con el cambio de posición del Gobierno de España con el Sáhara".

Y él mismo redondeó su retórica añadiendo que el robo de datos puede haber servido para "hacer chantaje" nada menos que al presidente del Gobierno. Normal que se escondan en La Moncloa. Es hablar del Sahara y, por mucho que las hemerotecas no pasen factura, todo el mundo se acuerda de aquel enfermo del hospital San Pedro de Logroño que, tras quitarle la máscara proporcionada por el Gobierno español, resultó ser el líder del Frente Polisario, Brahim Gali, no muy amigo de Mohamed VI.

La iracunda respuesta fue, por decirlo de alguna manera, muy marroquí: enviar gente, mucha gente contra una valla fronteriza. Desde la infausta Marcha Verde, el reino del sur le ha cogido gusto al envío masivo de personas contra un país como arma. Y el del Polisario, paseando por España con DNI falso y, según testimonios, arrastrando un historial poco merecedor de refugio aunque fuera temporal.

¿Le entró entonces el Pegasus al móvil del presidente español? Está fuera de toda duda que Marruecos, sus servicios secretos o determinados elementos de estos últimos saben enmadejar convenientemente una crisis a base de teléfonos. La investigación del 11-M fue a Marruecos y volvió muchas veces, y cada vez traía, escondía, fabricaba o desmentía un número, una tarjeta, un cruce de llamadas, un IMEI… Hay miles de números de teléfonos móviles en las páginas del sumario.

De todas formas, infectar el móvil del presidente para poder usarlo después como "chantaje" requiere que el móvil del presidente tenga algo reprochable en su interior. Eso es lo que parece lamentar Asens. Y chitón, muy sospechoso, en La Moncloa.

Pero también cabe la posibilidad de que la infección del móvil presidencial sea la trola bumerán del año lanzada para despejar los escándalos de las escuchas que no deberían escandalizar a nadie. Tardó poco en dar la vuelta el asunto y atizar en todo el cogote al Gobierno.

¿Tiene la culpa Margarita Robles, también supuestamente espiada? Ella dice que la culpa es más bien de Félix Bolaños, y Bolaños es Presidencia, claro. Los de Presidencia dicen que la cosa está en el CNI, como si fueran las siglas de un partido rival. El CNI trata de defenderse mostrando los principios y valores bajo los que fue creado y que debería cumplir. Y los enemigos de España, interiores y exteriores —que los hay aunque a alguno le suene franquista—, disfrutando y tomando nota de lo fácil que puede ser tumbar a un país entero cuando lo gobiernan personajes de esta talla.

Entonces aquí el problema no es Asens ni Aragonés ni Mohamed. Tampoco Margarita Robles, ni siquiera Félix Bolaños. Ni Pegasus. Aquí, como siempre, "el problema es El One". Pero yo le veo más cara de expresidente que nunca.

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