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Messi + el Barça de los centrocampistas

1.- La noche que esperaba (y necesitaba) Arthur

No estuvo solo Messi. Era un centro del campo absolutamente distinto. Defensas que eran especialistas, centrocampistas que eran centrocampistas y delanteros que eran delanteros. Parece obvio, pero no lo es. Apostó Valverde por acompañar a Busquets con interiores de toda la vida, tipos que hacen de la conservación del balón su principal oficio, más en el caso de Arthur que de Rakitic. Pero ‘Busi’, que había vivido solo hasta ahora, supo aprovechar a esos socios porque, además, Messi entendió que se tenía que venir al centro, junto a Coutinho.

De nuevo, el Barça recuperó el gusto por el toque convirtiéndose en un equipo corto, teniendo siempre líneas de pase abiertas y ofreciendo una imagen que no se le recuerda, al menos en la época de Valverde. Y ahí emergió la figura de un joven brasileño, atrevido y fiable con el balón, que no regaló en ningún momento. Arthur tuvo la noche que esperaba (y necesitaba).

Gobernó el equipo azulgrana partido con ese aire que acostumbraba, al tiempo que tuvo la contundencia necesaria para imponerse al fútbol áspero, a veces duro y en ocasiones por encima del reglamento. Pero el Barça de los centrocampistas supo leer el partido a cada momento, sobreponiéndose a cada gol. Busquets mandó, Rakitic y Arthur pasaban y Messi decidía.

2.- La carrera del 10, el retrato de un líder

El gol, el cuarto, el último, quizá debió ser el más sencillo para Messi, que firmó una antológica actuación en Wembley. Antológica porque ofreció una exhibición de pases (en apenas 30 minutos inició la jugada de los dos primeros goles además de dejar solo a Suárez ante Lloris) y antológica porque el Tottenham no supo descifrar en ningún momento sus movimientos. Y mira que son bien conocidos.

Pero en el cuarto, y último gol azulgrana, Leo lanzó el mensaje más potente. Peleó la pelota, junto a la banda derecha, convertido más en lateral de toda la vida, para generar una ocasión que, además, retrató la furia y el compromiso de un líder. Lloris se tiró a su derecha como siempre sin saber que Leo lanzaba a la izquierda con una delicadeza increíble. El gol no fue lo trascendente. Lo mejor fue la carrera para rescatar el balón. Se comportó como un líder, un tipo con palabra. Tuvo eso más valor incluso que sus dos goles o sus dos tiros consecutivos al mismo palo.

3.- Alba regala tres asistencias de gol

Volvió la vieja conexión. Volvió la conexión “mágica”, como sostiene siempre Messi, entre un genio y un lateral disfrazado de extremo izquierdo. Con ese falso 4-3-3 que trazó Valverde en Wembley quedó, de nuevo, libre un hueco en esa banda donde percutió, una y otra vez, Jordi Alba. Hasta tres, sí ¡tres asistencias de gol!, regaló el defensa azulgrana rasgando al Tottenham hasta desnudarlo.

Se supone que Pochettino, un técnico estudioso donde los haya, tenía analizado al Barcelona, pero no supo desactivarlo. Alba corría, Messi esperaba su momento y Suárez, inteligente él, asistió a su vecino dejando pasar el balón entre sus piernas en los dos goles.

El Barça se inclinó a la izquierda en ataque y le salió de maravilla, además de encontrar un recurso que no solía tener en la pasada temporada. No resulta nada casual que sus dos primeros goles (Coutinho y Rakitic) llegaran en disparos desde fuera del área. Un registro nuevo que permite hacer dudar a cualquier defensa, especialmente cuando no lo esperaba casi nadie. O sea, Messi pasa. O sea, Alba corre y asiste. O sea, Suárez no estropea la jugada y el Barça sale de Wembley firmando cuatro imponentes goles.

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