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La contaminación ambiental se asocia con ataques de asma en niños y adolescentes urbanitas

El asma es una enfermedad inflamatoria crónica de las vías respiratorias que ha ido al alza en prácticamente todo el mundo en las últimas décadas. Alrededor de 262 millones de personas padecían asma en 2019 y 461.000 muertes se habían producido a causa de esta dolencia. En la actualidad, hay en torno a 2 millones y medio de asmáticos en España.

Las razones por las que la frecuencia global del asma se ha incrementado no están claras y se cree que pueden haber contribuido un conjunto de factores. Entre ellos, existen numerosas pruebas indirectas que relacionan la exposición a la contaminación ambiental con el desarrollo de asma en los niños. Las partículas en suspensión, el NO2 y el carbón negro son algunas de las moléculas que podrían estar implicadas en este fenómeno. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el asma se produciría a partir de la generación de estrés oxidativo y la inflamación de las vías respiratorias provocadas por las citadas partículas contaminantes.

Además de la contribución de la contaminación ambiental en el desarrollo de asma en niños, ¿podría esta inducir también ataques de asma? Científicos, que forman parte del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos (EE.UU), han identificado más ataques de asma de niños y adolescentes en ciudades cuando se producían aumentos moderados de las concentraciones de ozono y partículas finas (PM2.5) en el aire. Los hallazgos se han publicado en la revista The Lancet Planetary Health.

La primera parte de la investigación consistió en un análisis de datos retrospectivo de un estudio observacional que tuvo lugar entre 2015 y 2017. En este reclutaron a 208 niños y adolescentes proclives a tener ataques de asma de entre 6 y 17 años, de barrios de bajos ingresos de nueve ciudades de EE.UU. Los científicos registraron las veces que tuvieron enfermedades respiratorias y también los incrementos de las citadas partículas contaminantes en los lugares en los que residían los menores, ofrecidos por la Agencia de Protección Ambiental.

Para complementar y validar la investigación anterior, se emplearon datos de un segundo estudio desarrollado entre 2006 y 2009. Este consistió en un ensayo clínico aleatorizado en el que se evaluaba el fármaco contra el asma grave omalizumab, controlado con placebo. En él participaron 419 personas de entre 6 y 20 años con asma persistente que residían en ocho ciudades de EE.UU. Los investigadores se centraron solo en un subgrupo del ensayo clínico: los 189 participantes (de cuatro ciudades) a los que se les tomó muestras de células nasales dentro de los siete días tras un ataque de asma y también en ausencia de ellos para comprobar si los ataques habían sido desencadenados o no por infecciones víricas. Además, también se estudió la función respiratoria y la expresión génica de las vías aéreas superiores de los pacientes y se recopilaron datos de los niveles de contaminación ambiental durante las fechas de los ataques.

Los autores observaron que el aumento de la concentración de ciertos contaminantes en el aire (como el ozono y las partículas finas) se asociaba a exacerbaciones del asma en niños y adolescentes en zonas urbanas de bajos ingresos, sin que estuvieran implicados virus respiratorios. Además, los ataques de asma que no se producían por infecciones respiratorias suponían el 30 % de las exacerbaciones en este colectivo, una frecuencia entre dos y tres veces superior a la que experimentan los menores que no residen en ciudades, según resultados de otros estudios.

Durante los ataques, se observó una disminución de la función pulmonar y la activación en las vías aéreas de rutas moleculares implicadas en la inflamación. En concreto, la exposición a las partículas finas se asociaba a respuestas inflamatorias de la superficie de las vías respiratorias con la producción de ciertas moléculas inflamatorias que no están presentes cuando se producen ataques de asma inducidos por virus, y también a una producción abundante de moco. De forma similar, la exposición al ozono provocaba respuestas inflamatorias y disminución de la función pulmonar. Aunque los ataques de asma asociados a la contaminación tenían en común varios mecanismos inflamatorios con aquellos provocados por infecciones respiratorias, algunos de estos eran diferentes.

Es la primera vez que un estudio no solo identifica una asociación entre los ataques de asma en menores urbanitas y el aumento de la concentración de partículas contaminantes en el aire, sino que también analiza la inflamación en las vías aéreas y la presencia o no de infecciones respiratorias víricas (que podrían distorsionar los resultados si no se identifican). 

En conjunto, todos los datos de este estudio, junto con aquellos acumulados en otras investigaciones, apuntan con firmeza a la contaminación ambiental como posible detonante de exacerbaciones de asma. Por tanto, los resultados de este estudio respaldan con fuerza la idea de que reducir la presencia de ciertos contaminantes en el aire de las ciudades evitaría un porcentaje notable de los ataques de asma entre niños y adolescentes, lo que beneficiaría a su salud. 

Esther Samper

Referencia: «Associations between outdoor air pollutants and non-viral asthma exacerbations and airway inflammatory responses in children and adolescents living in urban areas in the USA: a retrospective secondary analysis»; Matthew Altman et al. en The Lancet Planetary Health, vol. 7, n.º 1: E33–E44, 1 de enero de 2023.

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