‘The Shape of Water’: un mito del siglo XXI

Cuenta la leyenda que hubo una vez una princesa que concibió una pasión y un amor por un ser que, para muchos, era antinatural. La historia se ha repetido en diferentes versiones desde hace miles de años: Pasifae enamorada de un toro, la Bella y la Bestia y en el siglo XXI tenemos a La forma del agua, la última obra de Guillermo del Toro.

Ambientada en plena Guerra Fría, la princesa sin voz trabaja en el área de limpieza en una agencia de investigación del gobierno estadounidense al cual llega una criatura procedente de los ríos de Brasil. aprender a comunicarse con él, lo alimenta y baila bajo ela gua (soberbias escenas).

The Shape of Water es un poema, una joya en términos visuales y musicales: la fotografía de Dan Laustsen inundando de luz acuática cada rincón al compás de la música de Alexandre Desplat son de las cosas más hermosas que pueden disfrutarse en una pantalla de cine; nos queda claro que del Toro está enamorado y quiere que todos bailemos al ritmo de viejos musicales de Hollywood para celebrar que estamos vivos y llenos de amor.

La historia, desafortunadamente, no es estirada, puesto que sólo se limita a recrear ese viejo mito griego de la bella, inteligente (o silenciosa si se quiere remarcar este caso) mujer-princesa cuya única misión de rescatar a su monstruo.

Pero por favor, se los ruego, quédense con los personajes de Doug Jones y Sally Hawkins, que no es poca cosa: el primero va pasando de ser una criatura enojada y asustada, a una con porte y virilidad, como un torero en el ruedo; Hawkins es la cereza del pastel: a medida que su amor florece, ella también: de ser una mujer gris, van surgiendo detalles de color (tomen nota de la diadema, el abrigo o los zapatos). Al igual que Dorothy y Kansas, la pareja pasa del blanco y negro al technicolor.

Tal vez, dentro de miles de años, sea recordado el mito del siglo XXI que cuenta la historia de Elisa Esposito y su mostruo acuático bailando al compás del agua y la luz mientras de fondo se oye a un viejo decir: Incapaz de percibir tu forma, te encuentro en todo mi alrededor.

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