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‘Andor’ acierta de la forma más inesperada para una serie de ‘Star Wars’: proponiendo un ‘Anti-Mandalorian’

‘Andor’ puede gustar más o menos, pero sin duda lo más atractivo de su propuesta es mantenerse continuamente en el extremo opuesto de lo que se espera de ella. En estos primeros tres episodios que ha estrenado Disney no es solo que la acción sea concisa, brutal y poco dada a la espectacularidad y los fuegos artificiales, sino que hasta el humor es de baja intensidad, desganado y con un punto extraño, que parece más en sintonía con una producción independiente que con un spin-off de ‘Star Wars‘.

Hay un momento en el episodio segundo en el que el subinspector humano que persigue a Cassian Andor en esta serie de Disney+, Syril Karn, da una extrañamente introspectiva charla motivacional a sus hombres. El contraste de su rigidez marcial -inapropiada para una misión de segunda categoría- con su gritón lugarteniente no es abiertamente cómica, pero hay algo de subrepticia crítica a los ridículos modales de la Autoridad Pre-Mor, algo así como guardias de seguridad al servicio del Imperio, que tampoco resulta del todo seria.

Así funciona ‘Andor’ todo el rato: la comedia, la aventura, la acción, la épica, a todo se le ha reducido el gas. El resultado es una aventura no tan inmediata y accesible como la mayoría de las de Star Wars, sino que exige cierta predisposición por parte del espectador. Exactamente igual que pasaba con ‘Rogue One’, quizás la película más antipática (y una de las mejores) de toda la franquicia, pero acentuado por momentos, ya que la estructura de serie permite dilatar la acción.

En ese sentido ‘Andor’ se revela como una especie de ‘Anti-Mandalorian’, una serie que no tiene como objetivo inmediato encandilar al espectador con monerías. ‘Andor’ no es ciencia ficción compleja y pesada, pero exige cierto gusto adquirido por el género, por los recursos de la space opera, por los matices siniestros del rebelde galáctico y las guerras estelares, por las naves grandes como planetas y por los conflictos del futuro como reflejo de los problemas del presente. ‘The Mandalorian‘ fue un éxito, precisamente, porque no exigía peaje a los recién llegados a la saga.

Dónde vas triste de ti

En estos primeros episodios veremos a Cassian Andor, cinco años antes de lo que sucedió en ‘Rogue One’, en el planeta Morlana One, siguiendo los pasos de su hermana perdida. Una escaramuza con un par de zánganos que trabajan para la Autoridad Pre-Mor acaba con la muerte semi-accidental de éstos en un callejón, lo que convierte a Cassian Andor en objetivo de un oficial que trabaja para la organización. Mientras tanto, intenta vender una pieza de navegación imperial en el mercado negro.

Todo ello es descrito casi sin separarnos de Andor y con unos escenarios muy bien escogidos, principalmente el planeta industrial Ferrix, sucio y gris. Se trata de un escenario donde no tienen cabida los jedis, sino que nos vamos a clases trabajadoras y explotadas (en cosas muy poco cósmicas: los obreros que vemos podrían estar perfectamente trabajando en una petrolera) y a entornos crueles y donde la muerte acecha en cada callejón. Los vehículos sofisticados apenas se ven y los personajes de esta serie van muchísimo a pie por descampados y barrizales. Y no hay jedis a la vista.

Y espero que la cosa siga siendo así, porque el tono casi mágico de ‘Obi-Wan Kenobi‘ se está apoderando de ‘Star Wars’ como una apisonadora, unificando un cosmos de ficción que acepta muchos más puntos de vista. Por ejemplo, de ‘Andor’ me interesa la visión a ras de suelo de la tecnología: todo sucio, todo construido con piezas baratas. Es casi una recuperación de la primera películas, donde a medias por limitaciones presupuestarias y a medias por visión creativa, todo era anti-futurista, y de hecho el planeta Tatooine parecía barrido por un apocalipsis.

Algo de eso tenían los mejores momentos de ‘The Mandalorian’, pero jugar a eso con Tatooine es hacerlo con las cartas marcadas, porque el fan ya sabe que lo que toca allí es arena y calor. ‘Andor’ se atreve a llevar esa no-tecnología a otros entornos y otros planetas, y a mostrarnos la lucha entre buenos y malos, como siempre; pero no entre rebeldes e imperiales, sino entre bakalas y seguratas. Por supuesto, esa perspectiva cambiará, pero de momento, estamos disfrutando de este entorno deliciosamente poco incómodo y poco habitual

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